App instalable para una paletería artesanal. El cliente arma su pedido y paga por WhatsApp o con tarjeta; el dueño maneja precios, agotados y fotos desde el mismo teléfono con el que atiende. Sin comisión por pedido, nunca.
Del congelador a su teléfono, sin intermediarios.
Una paletería que entrega por aplicación de reparto no pierde el 5%: pierde entre el 15 y el 30% de cada pedido, más la relación con su propio cliente. La app se queda con el teléfono, con la reseña y con el derecho a subir la comisión cuando quiera.
A eso se sumaban cuatro condiciones del negocio: prácticamente todos los pedidos entran desde el celular, la clientela mezcla español e inglés, la mitad quiere pagar en efectivo al recoger y la otra mitad con tarjeta, y el dueño no tiene ni tiempo ni ganas de aprender un sistema nuevo.
Una paleta no tiene un precio: tiene un precio base más el tamaño más lo que le agreguen. Modelarlo como productos sueltos habría multiplicado el catálogo por cada combinación.
El carrito vive en la sesión del servidor y guarda únicamente esas cuatro cosas. El precio se vuelve a leer de la base en cada cálculo y otra vez antes de cobrar. Aunque alguien edite el HTML de la página, no puede cambiar lo que paga: es el error de seguridad más común en tiendas hechas a la medida y aquí no existe.
El botón "+" de cada tarjeta agrega en tamaño regular sin salir del catálogo. Quien quiere personalizar entra al detalle; quien tiene prisa no pierde tiempo.
Fuera del horario configurado la app deja ver el menú pero no acepta pedidos. Nadie llega por un pedido que nunca se preparó.
Es la razón por la que tantos sitios de negocios chicos se quedan a medias: se entregan con cuadros vacíos esperando fotos que nunca llegan. Aquí el sistema no depende de ellas.
Obligar a una sola forma de pago deja dinero sobre la mesa. La app ofrece las dos y el dueño puede apagar cualquiera desde Ajustes.
Por WhatsApp: el pedido se guarda y se arma un mensaje con todo desglosado —productos, extras, entrega, dirección, notas y total— que llega al mismo teléfono que el dueño trae en la bolsa. No hay aplicación nueva que aprender.
Con tarjeta: Stripe Checkout, integrado por cURL directo sin Composer, para que funcione en hosting compartido de $10 al mes. Los datos de la tarjeta nunca tocan el servidor de la paletería. El aviso de pago se verifica con firma HMAC antes de marcar nada como pagado, y la página de confirmación también consulta a Stripe por si el aviso se retrasa.
El dueño no administra sentado frente a una computadora: administra parado, con la otra mano ocupada. Los pedidos entran como comandas de cocina, con la orilla dentada de un ticket, y avanzan de estado con un solo botón: nuevo → preparando → listo → entregado.
Cuando se acaba un sabor se apaga con un switch y desaparece de la app al instante. Los más vendidos del día salen en la portada del panel, justo donde se necesitan.
El dueño ve todo; mostrador ve pedidos y agotados pero no precios ni ventas; repartidor ve únicamente los domicilios.
Las ventas se ven por día en una gráfica, con ranking de lo más vendido y descarga a Excel del periodo que se elija. El corte se saca sin llamarle a nadie.
Los nombres de los sabores viven en columnas gemelas _es / _en en la misma tabla, editables desde el panel: "Fresa con chile" se muestra como "Strawberry chili", traducido como se dice, no como lo traduce una máquina. Si falta el inglés, se muestra el español en lugar de dejar un hueco. Las cadenas de interfaz viven aparte en archivos de idioma, para cambiar cualquier frase sin tocar código.
La app se instala en la pantalla de inicio sin pasar por ninguna tienda de aplicaciones, se abre sin barra del navegador y guarda el menú para que se pueda ver aunque no haya señal.
La dirección visual salió del propio negocio: el rosa mexicano del carrito, el amarillo del mango con chile y el borde dentado del papel picado, que aparece bajo la cabecera y en la orilla de cada comanda del panel. Los colores se cambian desde Ajustes, sin tocar el código.
Tipografía: Alfa Slab One para títulos y Nunito para texto, en la app y en el panel.
Construyo plataformas propias para negocios latinos en Estados Unidos, en español e inglés, sobre el hosting que ya tenga.